San Juan de Dios
Una vida inquieta antes del punto de inflexión
Juan de Dios nació en 1495 en Montemor-o-Novo, Portugal, y pasó buena parte de su primera juventud como soldado, moviéndose entre el servicio militar y distintos trabajos manuales sin ningún rumbo claro. Nada en esa primera mitad de su vida anunciaba al hombre en que se convertiría. El cambio llegó de golpe, en 1537, cuando escuchó un sermón predicado por San Juan de Ávila en Granada, España. El efecto en él fue inmediato y extremo — según la mayoría de los relatos, Juan reaccionó con tal angustia y autorreproche visibles por su pasado que quienes lo rodeaban temieron por su cordura, y llegó a ser recluido brevemente por ello. Fuera lo que fuese lo que ocurrió exactamente en ese momento, redirigió el resto entero de su vida.
Bartolomé Esteban Murillo, «San Juan de Dios», 1672, Hospital de la Caridad, Sevilla — dominio público.
Del colapso a la fundación de un hospital
Una vez recuperado, Juan canalizó esa misma intensidad hacia el cuidado de los enfermos y los pobres de Granada, y terminó fundando un hospital dedicado precisamente al tipo de personas que las demás instituciones de la ciudad estaban menos preparadas, o menos dispuestas, a ayudar. Su enfoque combinaba atención médica práctica con una devoción personal y directa que atrajo a otros hombres a unírsele. Esa comunidad, tras su muerte, creció hasta convertirse en una orden religiosa formal —los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios—, que sigue activa hoy en el ministerio hospitalario y sanitario en todo el mundo, descendiente institucional directa de un cambio de rumbo repentino en una calle de Granada.
Una muerte que reflejó toda su vida
Juan de Dios murió en 1550, el mismo día de su 55.º cumpleaños, y las circunstancias de su muerte se leen casi como un último sermón, no planeado, sobre todo aquello a lo que había dedicado su vida. Contrajo una neumonía tras lanzarse a un río desbordado en pleno invierno para salvar a un hombre que se ahogaba, y la enfermedad resultó fatal. Es una simetría llamativa: un hombre cuya misión adulta entera había consistido en lanzarse, a menudo literalmente, al sufrimiento ajeno, murió haciendo exactamente eso una última vez.
Santidad y una amplia red de patronazgos
Juan de Dios fue canonizado en 1690, siglo y medio después de su muerte, y las causas de las que hoy es patrono se leen casi como una biografía en miniatura: los hospitales, los enfermos y los enfermeros, por razones evidentes; los bomberos, cuyo trabajo comparte el mismo instinto de riesgo físico por los demás que definió su muerte; los alcohólicos, por sus propios años turbulentos de juventud; y, menos previsiblemente, los libreros, un patronazgo ligado a un trabajo anterior vendiendo libros y folletos religiosos antes de que su llamada definitiva se impusiera. Su fiesta se celebra el 8 de marzo.






