San Francisco de Asís

Un hijo rico que eligió no tener nada
La vida temprana de Francisco no daba ninguna señal de lo que vendría. Nacido en 1181, hijo de un próspero mercader de telas, creció con dinero, y según la mayoría de los relatos disfrutó gastándolo —hasta que un período de enfermedad tras el servicio militar y el cautiverio lo llevó a reconsiderar el rumbo de su vida. La ruptura, cuando llegó, fue total y pública: Francisco renunció a su herencia en la plaza del pueblo de Asís, quitándose incluso, según se cuenta, la ropa que su padre le había dado, eligiendo la pobreza deliberada en lugar del futuro cómodo que se había trazado para él.
Paolo Veronese, "San Francisco recibiendo los estigmas," siglo XVI, Gallerie dell'Accademia, Venecia — dominio público.
Fundando un movimiento construido sobre no tener nada
Hacia 1209, Francisco había reunido a un pequeño círculo de seguidores comprometidos a vivir el Evangelio de la manera más literal posible —sin poseer nada, mendigando lo que necesitaban, y predicando abiertamente en lugar de permanecer enclaustrados. Lo que comenzó como un puñado de hombres con hábitos remendados creció, dentro de la propia vida de Francisco, hasta convertirse en una de las órdenes religiosas más grandes de la Iglesia, y el modelo que estableció —sencillez radical, compromiso directo con la gente común, una negativa a acumular nada— se convirtió en el carácter definitorio del movimiento franciscano que todavía lleva su nombre hoy.
Los estigmas en La Verna
Cerca del final de su vida, en 1224, Francisco se retiró al Monte La Verna para un ayuno de cuarenta días previo a la fiesta de San Miguel. Durante ese retiro reportó una intensa visión, y después se descubrió que llevaba los estigmas —heridas que reflejan la crucifixión, apareciendo en sus manos, pies y costado. Se erige como uno de los primeros casos y más minuciosamente documentados de este fenómeno en la historia cristiana, y profundizó, para sus seguidores, un sentido ya claro de que la identificación de Francisco con el sufrimiento de Cristo no era simplemente lenguaje devocional sino algo que llevaba, literalmente, en su propio cuerpo.
Hermano Sol, Hermana Luna
Hacia el final de su vida, casi ciego y con mala salud, Francisco compuso el "Cántico de las criaturas" —un himno que alaba a Dios a través del mundo creado mismo: el sol, la luna, el viento, el agua, y lo que llamó "hermano fuego". Junto con las muchas leyendas que crecieron a su alrededor, incluido su famoso sermón a los pájaros, esta visión de la creación como una familia de hermanos bajo un solo Creador es la razón por la que Francisco sigue siendo, siglos después, uno de los patronos más claros de la Iglesia para el mundo natural —un hombre que renunció a cada posesión material que tenía, y encontró, a cambio, un parentesco con todo lo que quedaba.


