Oración al Ángel de la Guarda

Enseñada a los niños católicos durante generaciones como una sencilla oración de la mañana y de la noche, esta estrofa refleja la antigua creencia de la Iglesia de que Dios asigna a cada alma un ángel de la guarda desde su nacimiento. Su forma breve y rimada la ha mantenido en uso diario a lo largo de los siglos.
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo, que me perdería. Amén.

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