San Erkenwald, el obispo patrono olvidado de Londres
Un noble que fundó dos abadías antes de ser obispo
Erkenwald nació, con toda probabilidad, en una familia noble o real de Anglia Oriental en el siglo VII, aunque los detalles que sobreviven de sus primeros años son escasos frente a lo que se sabe de su carrera posterior. Lo que sí está bien establecido es que, antes de ser obispo, Erkenwald ya era un fundador religioso de primer orden: estableció la abadía de Chertsey, en Surrey, como monasterio de hombres, siendo su primer abad, y la abadía de Barking, en Essex, como casa religiosa de mujeres, que puso bajo el gobierno de su propia hermana, luego venerada como santa Ethelburga de Barking, en calidad de primera abadesa. Fundar casas religiosas de hombres y mujeres vinculadas entre sí, a menudo dirigidas por hermanos de una misma familia noble, era un patrón de mecenazgo cristiano reconocido y respetado en la Inglaterra anglosajona del siglo VII, y ambas fundaciones de Erkenwald llegaron a convertirse en comunidades monásticas importantes y duraderas por derecho propio — la abadía de Barking, en particular, siguió siendo una casa próspera de religiosas durante siglos.
Iluminador anónimo, inicial historiada de San Erkenwald del Breviario de Chertsey, c. 1300 — dominio público.
Llamado a servir como obispo de Londres
Hacia el año 675, Erkenwald fue nombrado obispo de Londres, una sede que en aquel momento abarcaba un territorio considerable del sureste de Inglaterra actual, todavía en las décadas formativas del cristianismo anglosajón tras la misión de San Agustín de Canterbury unos setenta años antes. Como obispo, Erkenwald continuó la labor paciente y práctica de consolidar las instituciones cristianas en una región donde la fe, aunque ya establecida, seguía siendo relativamente reciente para los estándares del mundo cristiano en general. Fuentes medievales posteriores lo describen como un obispo conocido por su austeridad personal y su dedicación pastoral, aunque — como ocurre con muchos santos anglosajones cuyos detalles biográficos proceden principalmente de autores que escribieron generaciones después de su muerte — el retrato más pormenorizado y anecdótico de su carácter debe leerse como tradición devocional superpuesta a una figura auténticamente histórica, no como testimonio contemporáneo directo.
El patrono propio de Londres antes de la Reforma
Erkenwald murió hacia el año 693, y en los siglos siguientes su tumba en la antigua Catedral de San Pablo — predecesora medieval del actual edificio, levantado tras el Gran Incendio — se convirtió en uno de los centros de peregrinación más importantes de Londres. Su santuario atrajo visitantes y donativos que ayudaron a sostener la catedral durante generaciones, y hacia el final de la Edad Media, Erkenwald funcionaba, en la práctica, como el patrono propio de Londres, un estatus que solo se desvaneció con la supresión de santuarios y reliquias durante la Reforma inglesa del siglo XVI, que arrasó con su culto junto con la mayoría de las demás tradiciones locales de peregrinación de la Inglaterra medieval. Que su nombre resulte hoy prácticamente desconocido para los londinenses, pese a siglos de importancia, refleja lo profundamente que esa supresión remodeló la memoria religiosa inglesa, más que cualquier vacío real en lo que llegó a significar para la ciudad.
Un poema medieval construido en torno a su memoria
La reputación tardomedieval de Erkenwald queda bien ilustrada por un poema aliterativo en inglés medio titulado simplemente St Erkenwald, probablemente compuesto a finales del siglo XIV por un autor anónimo a veces asociado estilísticamente con el poeta de Sir Gawain and the Green Knight, aunque esta atribución sigue siendo debatida entre los especialistas. El poema narra una historia legendaria ambientada en la vieja San Pablo, en la que unos obreros que reconstruyen la catedral descubren el cuerpo perfectamente conservado de un juez pagano justo que había vivido y muerto antes de Cristo, y cuya alma, aunque virtuosa, permanecía excluida de la salvación por falta de bautismo. El dolor y la oración de Erkenwald ante el cuerpo, en el poema, provocan un bautismo milagroso mediante sus propias lágrimas, salvando el alma del juez en el último instante posible. Se trata de una composición literaria y teológica que refleja la profundidad de la devoción tardomedieval acumulada en torno a la memoria de Erkenwald — una obra de ficción imaginativa inspirada por su culto, no un registro de hechos de su vida real en el siglo VII, y debe leerse y apreciarse exactamente así. Su supervivencia y el interés que sigue despertando entre los especialistas en literatura medieval son en sí mismos un testimonio de hasta qué punto se había extendido el culto de Erkenwald en el siglo XIV, inspirando no solo peregrinaciones y veneración litúrgica, sino también poesía original en lengua vernácula casi setecientos años después de su muerte.
Un legado discreto pero perdurable
La fiesta de Erkenwald se guarda el 30 de abril, y aunque su perfil público hoy es mucho menor que el de contemporáneos como San Cuthbert de Lindisfarne, su huella histórica fue considerable en su propia época y durante siglos después: dos fundaciones monásticas duraderas, décadas de trabajo pastoral consolidando el cristianismo en una diócesis inglesa importante, y un santuario que lo convirtió, durante la mayor parte de novecientos años, en lo más parecido a un patrono propio que tuvo Londres. Su historia es un buen recordatorio de hasta qué punto la supresión de santuarios en la Reforma remodeló qué santos ingleses medievales siguieron ampliamente recordados y cuáles se desvanecieron discretamente de la memoria popular, sin relación alguna con la importancia que realmente tuvieron.






