El rey Salomón: la sabiduría, la riqueza y la caída

Dos mujeres se presentan ante el rey, cada una aferrada al mismo bebé, insistiendo en que el hijo de la otra ha muerto. Salomón pide una espada. Lo que sucede después se convertirá en la vara de medir del juicio sabio en el mundo antiguo, y en la escena de apertura de la historia de un rey cuya brillantez terminaría por hundirlo.

Del hijo de David al rey de Israel

Salomón heredó un reino que su padre David había pasado toda una vida luchando por asegurar, pero no lo heredó sin sobresaltos. Su sucesión estuvo marcada por una tensa intriga palaciega: su medio hermano Adonías intentó hacerse con el trono mientras David yacía ya viejo y débil, y fueron el profeta Natán y Betsabé, madre de Salomón, quienes actuaron con rapidez para que Salomón fuera ungido rey antes de que el golpe de Adonías se consumara (1 Reyes 1). Un recordatorio de que incluso el reinado más celebrado de la historia de Israel comenzó como una lucha por la supervivencia.

El Juicio de Salomon, el rey ordenando dividir en dos al nino en disputa

Nicolas Poussin, "El Juicio de Salomon," 1649, Museo del Louvre — dominio publico.

Ya asegurado en el trono, Salomón fue a Gabaón, "el alto principal", a ofrecer sacrificio. Allí, en un sueño, Dios le hizo una oferta abierta: "Pídeme lo que quieras que te dé" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 3:5). Salomón no pidió larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos. En cambio, suplicó: "Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 3:9). Dios quedó complacido y respondió: "Cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente como no lo hubo antes de ti ni lo habrá después" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 3:12).

El juicio que lo hizo famoso

La historia que consagró la reputación de Salomón llegó casi de inmediato. Dos mujeres que vivían en la misma casa reclamaban cada una al mismo niño vivo como suyo, mientras insistían en que el niño muerto era el de la otra. Sin testigos ni forma de probar ninguna de las dos versiones, Salomón mandó traer una espada: "Partid en dos al niño vivo y dad una mitad a una y otra a la otra" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 3:25). Una de las mujeres aceptó los términos sin más. La otra suplicó: "Por favor, mi señor, que le den el niño vivo y que no le maten" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 3:26). Su compasión reveló que era la verdadera madre, y Salomón le entregó al niño. "Todo Israel oyó el juicio que hizo el rey y reverenciaron al rey, pues vieron que había en él una sabiduría divina para hacer justicia" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 3:28).

Es una historia hecha para la memoria oral —sencilla, impactante y moralmente clara— y así ha funcionado durante tres mil años, invocada aún hoy cada vez que alguien describe un juicio que atraviesa el engaño para llegar a la verdad.

La construcción de la Casa del Señor

David había querido construir un templo para el Arca de la Alianza, pero se le dijo que esa tarea recaería en su hijo. Salomón la llevó a cabo a una escala pensada para anunciar al mundo entero al Dios de Israel: cedro del Líbano, revestimiento de oro en todo el santuario interior, mano de obra reclutada de todo el reino y siete años de construcción (1 Reyes 5-6). Cuando terminó, el Arca fue trasladada al Templo y, según 1 Reyes 8, una nube llenó la casa: un signo visible, en el relato bíblico, de que la presencia del Señor tomaba residencia entre su pueblo. Para los lectores de la Biblia desde entonces, el Templo de Salomón ha sido la imagen central de la santidad de Jerusalén, el lugar cuya destrucción final resonaría en el resto de la Escritura y cuya memoria el mismo Jesús invocó cuando llamó templo a su propio cuerpo.

La fama de Salomón no se quedó dentro de sus fronteras. La visita de la reina de Saba, atraída por los relatos de su sabiduría, y las descripciones de oro, marfil y bienes importados que fluían hacia Jerusalén, retratan una corte que se había convertido en una auténtica potencia internacional, con una riqueza que muy pocos reinos de su época podían igualar.

El lento alejamiento

La Biblia no deja que la historia de Salomón termine en ese punto álgido, y no suaviza lo que viene después. "El rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras, además de la hija de Faraón... tuvo setecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 11:1,3). Muchos de estos matrimonios eran alianzas políticas, práctica común entre los monarcas antiguos, pero la Escritura trata la consecuencia religiosa como el verdadero peligro. "En la ancianidad de Salomón sus mujeres inclinaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no fue por entero de Yahvé su Dios" (Biblia de Jerusalén, 1 Reyes 11:4). Llegó a levantar santuarios a Kemós y a Milkom, dioses venerados con prácticas que la propia ley de Israel prohibía expresamente.

El texto es tajante sobre el precio de esa infidelidad: Dios le dice a Salomón que el reino será arrancado de su linaje tras su muerte, perdonando solo una tribu por consideración a David (1 Reyes 11:11-13). La monarquía unida que Salomón heredó y expandió se fracturaría en dos reinos bajo su hijo Roboam, una división que la Biblia atribuye directamente a este fallo de fidelidad. Fue precisamente en ese reino del norte, generaciones más tarde, donde el profeta Elías tendría que enfrentarse a reyes que habían llevado la idolatría de Salomón todavía más lejos.

La trayectoria de Salomón —sabiduría extraordinaria concedida, obras extraordinarias realizadas y, después, un fallo humano ordinario en mantener la fe— es precisamente la razón por la que la tradición bíblica y judía posterior lo trataría con sentimientos tan encontrados, atribuyéndole Proverbios y Eclesiastés sin fingir jamás que su final fue triunfal. La sabiduría, insiste la historia, no es lo mismo que la fidelidad, y tener una sin la otra no basta.

Trivia

¿Por qué era conocido el rey Salomón?
Salomón, hijo de David y Betsabé, gobernó Israel hacia el siglo X a.C. Fue célebre por la sabiduría que Dios le concedió, por construir el Primer Templo en Jerusalén y por la inmensa riqueza y proyección diplomática de su reino. Su gobierno queda recogido en 1 Reyes y 2 Crónicas.
¿Cuál fue el juicio de Salomón?
Dos mujeres afirmaban ser madre del mismo niño vivo. Salomón ordenó partir al niño en dos y repartirlo entre ambas; la verdadera madre le suplicó que se lo diera entero a la otra antes que matarlo, revelando así su identidad a través de su compasión. El relato está en 1 Reyes 3:16-28.
¿Construyó Salomón el Templo de Jerusalén?
Sí. Salomón edificó el Primer Templo, también llamado Templo de Salomón, cumpliendo una tarea que Dios había negado a su padre David. Su construcción se describe en 1 Reyes 5-8 y 2 Crónicas 2-7, y el Templo terminado albergó el Arca de la Alianza.
¿Por qué cayó Salomón en desgracia ante Dios?
Según 1 Reyes 11, Salomón se casó con muchas mujeres extranjeras y, en su vejez, permitió que ellas desviaran su corazón hacia sus propios dioses, llegando a levantar altares a Kemós y a Milkom. Esta infidelidad llevó a Dios a declarar que el reino sería arrancado de su descendencia tras su muerte.
¿Se considera a Salomón un santo?
Salomón no está formalmente canonizado en el sentido católico, ya que vivió antes de la existencia de la Iglesia, pero se le honra como figura del Antiguo Testamento cuya sabiduría y obra del Templo tienen un profundo significado tipológico en la tradición cristiana, prefigurando a Cristo como el verdadero Templo y fuente de sabiduría.
✦   Link copied

Find us

Explore the full collection and bring sacred art into your home.